10/05/2019

¿Qué es lo que de verdad importa?

La teoría de que mientras más duros seamos con los otros, con quienes menos poder tienen en el ámbito escolar, familiar o laboral, para que actúen de mejor manera, generalmente va en contravía de los resultados deseados.

Fundación Empresarios por la Educación

Autor*: Diego Arbeláez Muñoz, Fundación Empresarios por la Educación (Colombia)

 

La teoría de que mientras más duros seamos con los otros, con quienes menos poder tienen en el ámbito escolar, familiar o laboral, para que actúen de mejor manera, generalmente va en contravía de los resultados deseados.

La realidad no es tal cual es, es tal cual somos, es decir, es tal como la interpretamos en todos los ámbitos y circunstancias de la vida. Por eso la agenda vital, eso que nos mueve a tomar decisiones frente a lo que realmente nos importa cuidar y, por lo tanto, frente a lo que nos comprometemos a hacer, está ligada a cómo queremos aparecer desde nuestro mundo interior frente al mundo de los otros, está ligada a cómo nos posicionamos desde lo que creemos que somos.

Veámoslo en un ejemplo concreto: ¿Qué necesidades querría satisfacer una profe que, como no pocas veces sucede, amarra un niño a la silla y a otro le tapa la boca con cinta? Más allá de juzgarla ligeramente, sus acciones probablemente tengan que ver con la necesidad de armonía, atención o escucha y, seguramente, al no tenerlas satisfechas y sentir rabia, estrés o frustración, utiliza una estrategia que va en contra de la integridad de esos niños en sus necesidades de movimiento, cuidado y atención. Lo que importa cuidar en esta situación no es el vínculo o el aprendizaje, sino el ambiente de disciplina, el control. El foco se pone en el medio y no en el fin. Además, el hecho nos da una clara señal frente al estado de salud mental, emocional y relacional de los docentes en Colombia.

Cuando algunas madres, padres o maestros justifican el castigo como la estrategia adecuada a la transgresión de la regla, es posible que se esté confundiendo el bienestar como aquello que más importa cuidar, con el hecho de no perder el control y el dominio sobre el otro. La teoría de que mientras más duros seamos con los otros, con quienes menos poder tienen en el ámbito escolar, familiar o laboral, para que actúen de mejor manera, generalmente va en contravía de los resultados deseados.

Someter y doblegar a otros, tratar de aleccionar a una sociedad incluso con la muerte de quienes defienden sus derechos -como dolorosa y absurdamente sigue pasando en Colombia-, para que implícitamente se ajusten a la norma y evitar que reclamen lo que se supone no les corresponde, con un discurso de protección que no se compadece con la realidad, expresa nuestra incapacidad de vincularnos, de conectarnos desde los sentimientos y necesidades más vitales. Someter y doblegar a otros así expresa nuestra profunda incapacidad de relacionarnos desde la orilla del aprendizaje dialógico y el diálogo igualitario, donde es posible cuidar la justicia, la equidad y la tan anhelada paz.

¿Pero qué tienen que ver el comportamiento “aislado” de una profe o el castigo de una madre o un padre de familia con la equidad, la justicia y la paz? Pues que en la suma de esos actos “pequeños”, en esa masa crítica invisible y sutil, se van configurando la forma de ser y de estar en una sociedad en la que la norma impuesta por quien tiene el poder va socavando la autonomía, el pensamiento crítico y el derecho a expresar lo que se siente sin miedo a ser reprimido, castigado o asesinado. Es así como, casi sin darnos cuenta, poco a poco, va quedando claro el mensaje de que es mejor ser obedientes, no solo frente a la norma, sino frente a quien se supone tiene la razón. Poco a poco, va quedando claro que, en nombre del bienestar de la familia, la escuela y los colombianos, quien tiene el poder puede y debe decidir por los demás.

El espacio del aula ganaría coherencia y expansión de la conciencia de quienes la habitan si en ella se diera abiertamente el debate del ser humano que quieren ser, del ciudadano que se puede transformar para mejorar no solo su vida sino la de otros y lo que esto implica en el contexto donde se vive, en las oportunidades que se tienen, en la Colombia que conocemos. El espacio del aula ganaría además enormemente si, por ejemplo, desde esta lógica, las matemáticas el lenguaje y las artes nos ayudaran a acercarnos más a realidad de la sociedad en la que vivimos, trascendiendo los sellos de ser de izquierda o de derecha, para lograr respirar lo que merecemos en este país complejo y diverso: paz, respeto, equidad y justicia.

*Asesor en la Fundación Empresarios por la Educación (Colombia), una organización de la sociedad civil que conecta sueños, proyectos, actores y recursos para contribuir al mejoramiento de la calidad educativa.

Publicación original tomada del diario El Mundo en: https://www.elmundo.com/noticia/-Que-es-lo-que-de-verdad-importa-/376205?fbclid=IwAR3zrBJr3qHbiHz7y0LlyUXeI4HbOAoNISpINnZZ4S_kFCMsuJIrO7EaAis