03/07/2019

Ambientes dignos para aprender y transformar

“No se trata únicamente de construir o reconstruir espacios físicos, sino de ponerlos en diálogo con los territorios, las apuestas pedagógicas, el medio y las relaciones entre las personas que los habitan. No se trata solo de construir la infraestructura, sino de que las comunidades hagan buen uso y se apropien de ella en un marco de construcción de sentido de lo público”. -Proyecto Ola Escolar-

Fundación Empresarios por la Educación

Por: Andrea Parra y Catalina Ángel 

 

Motivados por los resultados de diversas investigaciones, en la Fundación Empresarios por la Educación hemos trabajado de la mano con diversos actores de la comunidad educativa, cuya incidencia en el aprendizaje es determinante. Maestros, maestras, directivos docentes, familias, equipos de trabajo de secretarías de educación, estudiantes, investigadores, hacen parte de una larga lista de personas que nos han permitido identificar rutas y edificar nuevas herramientas y metodologías de trabajo para seguir adelante.  

 

Una de esas rutas surgió en 2011, cuando se declaró a Colombia en “emergencia económica, social y ecológica” y en “situación de desastre”, producto de la más fuerte temporada invernal de la historia del país, que dejó más de noventa víctimas fatales, cerca de tres millones de personas afectadas y enormes pérdidas materiales. Desde entonces, pueblos enteros han tenido que ser reconstruidos, incluyendo sus escuelas, puntos de encuentro, refugio y desarrollo comunitario.  

La reconstrucción de las escuelas en las zonas afectadas por el invierno requirió convocar el trabajo conjunto del Estado y organizaciones privadas y permitió evidenciar las enormes deficiencias de la infraestructura escolar en el país, sobre todo en las zonas rurales. En este marco, en enero de 2012 nació el proyecto Ola Escolar (1).  

 

El mejoramiento de la infraestructura educativa se convirtió en la mejor excusa para acercar la comunidad a la escuela, mejorar la convivencia y aportar a la construcción de ambientes dignos para el aprendizaje de todos los estudiantes y, sobre todo, hizo posible afirmar que los ambientes de aprendizaje no son solamente un asunto de mejoramiento de la infraestructura educativa, sino que también pasan por el tipo de relaciones e interacciones de convivencia que la escuela teje a su interior y con su contexto. 

Aunque la infraestructura educativa está estrechamente ligada con los ambientes de aprendizaje que se configuran en la escuela; las transformaciones en las edificaciones, en las canchas o en los laboratorios, no son suficientes. Crear el mejor lugar para aprender requiere el fortalecimiento de las capacidades de la comunidad educativa alrededor del mejoramiento, buen uso, apropiación y sostenibilidad de los ambientes físicos y naturales; y el fortalecimiento de la convivencia y el trabajo participativo en la escuela.

Veamos. Ola Escolar nos permitió detenernos en una pregunta que ya parecía resuelta: ¿En dónde se aprende mejor? Experiencias de todo tipo llegaron a las mesas de trabajo para ayudar a resolverla. Nos contaban, por ejemplo, que en colegios grandes y con buena dotación, los estudiantes no tenían acceso a los computadores porque los maestros tenían miedo de que los dañaran; en otra institución educativa, las familias habían construido un quiosco con palos y techo de paja para sustituir un salón que se había caído… el salón era un espacio “de lujo para aprender” cuando hacía mucho calor debajo de las tejas de zinc que cubrían los salones construidos en bloque; otro relato trajo la experiencia de las maestras que habían construido una maloca para conversar con los sabedores del pueblo y, con ellos, tomar decisiones sobre el currículo escolar para niños y adultos. Supimos de colegios que hicieron del mangle su mejor laboratorio y, de otros en los que la falta de profesores de educación física había detenido el entrenamiento de grandes promesas del deporte en sus municipios. También registramos muchas experiencias en dónde la violencia armada, el narcotráfico y otras expresiones de la guerra mediaban el conflicto y se convertían en determinantes para la vida escolar y, por lo tanto, para la disposición de estudiantes y maestros para ir al colegio.  

Experiencias como estas, permitieron que durante la implementación del proyecto se configurara una mirada particular acerca de los ambientes de aprendizaje y los componentes que la constituyen. Desde allí, concluimos que: los ambientes dignos para el aprendizaje son el conjunto de procesos pedagógicos, ambientes físicos, de convivencia y de articulación con otros, que se configuran en la institución para ampliar las oportunidades de aprendizaje y participación de todos los estudiantes y de la comunidad educativa, y para transformar el quehacer de la escuela.  

Así entendido, un ambiente digno para el aprendizaje contribuye a materializar el derecho a la educación, facilita el proceso de enseñanza-aprendizaje, y fortalece el ejercicio de la ciudadanía y de los derechos humanos.

 

Reconocer los componentes de un ambiente de aprendizaje y ubicar en el centro la dignidad humana como principal motor de la acción revela que, en su columna vertebral debe existir una intención pedagógica que haga posible la generación de experiencias de aprendizaje, determinadas por la participación de todos actores de la comunidad educativa en su condición de sujetos activos con conocimientos, competencias, habilidades y actitudes; y en su capacidad para tomar decisiones sobre cómo y qué aprender.  

Debemos decir que, como todo escenario social, no existe una receta para construir un ambiente de aprendizaje. Las condiciones del contexto social, cultural, político y económico, impone retos que son enfrentados de diferentes maneras por las comunidades. Sin embargo, ya hemos mencionado algunos elementos comunes que se convierten en no negociables a la hora de hablar de un ambiente digno de aprendizaje. 

Las siguientes afirmaciones son producto de la reflexión y análisis que, durante la experiencia vivida, se suscitaron a partir de la experiencia de Ola Escolar. En ellas, se hacen visibles los principales aspectos en tensión que aún son objeto de indagación alrededor de la construcción de ambientes dignos para el aprendizaje en el país:   

·         No basta con tener un colegio bonito: La construcción de nueva infraestructura educativa no garantiza por sí sola el mejoramiento de los ambientes de aprendizaje en la escuela; es indispensable asegurar la participación e involucramiento de la comunidad educativa en el proceso de diseño, seguimiento, uso y apropiación de los espacios físicos. 

·         Hay múltiples formas de mejorar los ambientes físicos: El mejoramiento de espacios físicos no necesariamente debe incluir la construcción de nueva infraestructura; con la comunidad educativa y los aliados locales puede realizarse acciones de mejoramiento a través de jornadas de embellecimiento, arborización, entre otras. 

·         Partir de la realidad de la escuela: Es indispensable partir de las oportunidades, potencialidades, barreras y dificultades. Por este camino no sólo se logra generar estrategias pertinentes a cada contexto, sino que se hacen sostenibles en el tiempo. Por este motivo, la lectura de contexto ocupa un lugar importante en la ruta de acompañamiento del proyecto. 

·         El liderazgo y la participación de la comunidad genera apropiación del proyecto. Es importante que la comunidad educativa tenga el liderazgo del proceso. Esto permite mayor apropiación e identificación con las transformaciones por parte de todos sus miembros.

·         Involucrar al personal de servicios generales: Es necesario darle mayor relevancia al personal de servicios generales en la escuela (celadores, encargadas del aseo y de la cocina…). En sus manos están elementos muy importantes para la construcción de ambientes dignos para el aprendizaje en la escuela.  

·         Reconocer la historia de la escuela: Partir del reconocimiento de la historia de la escuela ha permitido generar apropiación de la comunidad educativa por su establecimiento y por el proyecto. Esto implica, entre otras cosas, involucrar en las distintas acciones a las personas que han hecho parte de la construcción física y/o pedagógica de la institución educativa, recoger fotografías, narraciones etc, que evidencien las transformaciones de la institución educativa.  

·         Articulación con sentido entre instituciones locales y escuela: Más allá de las charlas o talleres que las entidades territoriales promueven a través de sus instituciones, resulta vital la articulación alrededor de un propósito concreto y evidenciable a corto plazo. Como aliados, los actores institucionales aportan a la sostenibilidad de los ambientes de aprendizaje, acudiendo a su capacidad de gestión. 

·         Trabajo articulado entre espacios físicos y convivencia: Trabajar de manera articulada estos dos componentes permiten que la comunidad educativa gane comprensiones alrededor de los elementos que constituyen los ambientes de aprendizaje, desplazando la idea de que son solamente infraestructura, sino comprendiéndolos principalmente como relaciones humanas y pedagógicas en la escuela. 

  

1 Ola Escolar fue una alianza entre seis fundaciones de origen empresarial: Argos, Bolívar Davivienda, Empresarios por la Educación, Mario Santo Domingo, Orbis (en ese entonces F. Mundial) y Telefónica. En su primer año de ejecución, Ola Escolar mejoró las condiciones de 3.220 estudiantes e invirtió más de 1.200 millones de pesos de fondos privados en la reconstrucción de tres sedes educativas.

 


*Asesoras de n la Fundación Empresarios por la Educación, una organización de la sociedad civil que conecta sueños, proyectos, actores y recursos para contribuir al mejoramiento de la calidad educativa.