17/08/2017

Paraguay: Innovación en la enseñanza de ciencias

Con motivo del cierre de su consultoría para el programa Tikichuela Ciencias en mi Escuela, estuvo en Asunción el Dr. Julio Gun, Argentino (Especialista en Didáctica de la Ciencias para Pre Escolar). Aquí, brindó dos charlas, una en Conacyt y otra en Unibe. Entre ambas exposiciones, se realizó esta nota.

Dr. Julio GunMarcial Diaz

¿CUÁL ES LA MEJOR MANERA DE ENSEÑAR CIENCIAS NATURALES EN LA PRIMERA INFANCIA?

El tema central no es qué es lo mejor, sino cómo enseñar. No importa qué sería lo mejor. El concepto fundamental es cómo ellos pueden aprender lo que nosotros le vamos a enseñar. En todas las edades, principalmente en la primera infancia, hay que motivar a las personas para que aprendan lo que se les enseña. No hay ninguna manera de aprender algo que no sea significativo y que no se base en algo real. Debemos enseñar cosas que, sea la edad que sea, los chicos puedan vivenciar permanentemente. Se puede enseñar el cuidado del cuerpo y para ello fabricar con los chicos dentífricos o jabón líquido; un chico de 3 años no tiene por qué hacer un análisis filosófico de cómo cuidar el cuerpo. Hagamos algo concreto y él va a cuidar su cuerpo. Él lo va a hacer porque sus padres lo van a ayudar a usar el dentífrico o el jabón y es muy lindo que un niño de 3 años haga cosas como estas. Ese es un camino para enseñar.

 

Justamente, hace poco había tenido una pregunta sobre si se les puede enseñar sobre energía solar a los niños. Respondí que los fundamentos no, pero que sí se le puede hacer entender que si el aire y el ambiente que nos rodea está contaminado, el sol no llega a la tierra. Entonces, yo le voy a enseñar que, para que la energía solar sea productiva, todo esto que nos rodea tiene que estar limpio y sanito. Siempre podemos encontrar maneras, pero me tengo que basar en hechos concretos de la vida diaria.

 

¿CÓMO HACER QUE LOS NIÑOS SE IN­TERESEN EN LAS CIENCIAS?

No existen las recetas. Los chicos de Paraguay no son los mismos que los de cualquier otro país. Los proyectos educativos tienen que estar basados en realidades sociales y realidades ambientales propias. El concepto central es esa motivación que debemos lograr para que puedan hacer cosas con elementos de la vida diaria que ellos tienen en casa, hay que hacer lo que llamo “ciencia de supermercado”. Tenemos que poder llevar a los niños del jardín de infantes al supermercado, agarrar algodón, arroz, carbonato de sodio, vinagre, y decirle a los chicos que con eso vamos a hacer ciencias.

Después, enviar una nota a los padres contándoles lo que hicimos, porque una de las maneras de fijar el conocimiento es que lo que se da en el aula no concluya ahí, sino que las niñas y los niños puedan contárselo a otro. Si se logra dentro de las primeras 24 horas que ellos le cuenten a otro lo que aprendieron, el conocimiento se fija. Pero ¿de qué sirve que lleguen a su casa si no hay tales materiales para que la mamá o el papá puedan compartir con ellos lo que tiene para explicarles?

 

¿CUÁL FUE SU EXPERIENCIA CON TIKI­CHUELA CIENCIAS AQUÍ EN PARAGUAY?

Ha sido enriquecedora. Pude ver un montón de cosas, entender que ciertos prejuicios no eran reales. Los chicos de Paraguay son sumamente receptivos e inteligentes. Los docentes están necesitados de información y quieren hacer cosas mejores, ése es el camino a seguir. Podemos hacer cosas maravillosas pero se necesita continuidad, si no el año que viene empezamos de nuevo desde cero. Las políticas educativas tienen que ser continuas y tienen que trascender a gobiernos que duran 5 años.

 

 

 

¿QUÉ PODEMOS HACER LOS ADULTOS PARA COLABORAR AÚN MÁS EN ESTE PROCESO?

Yo trabajo muchas veces con niños y niñas de 5 años en un taller de pensamiento. Pensamos precisamente qué es pensar: cómo están los pensamientos en el cerebro, cómo se forman o qué pasaría si alguien no tuviera cerebro. Analizamos distintas respuestas con los chicos. Cuando le pregunto a un chico cuándo piensa —en qué momento piensa— hay una respuesta concurrente a través de los distintos países: “pienso cuando me porto mal”.

Esto es responsabilidad de los adultos, ¿o acaso no le decimos a niños y niñas y alumnos en ge­neral “pensá por qué te portaste mal” o “pensá por qué no hiciste las cosas bien”? Tenemos que revertir el concepto. Estamos asociando el pensamiento, un hecho positivo, con lo negativo de portarse mal. ¿Por qué no les decimos “pensá por qué lo hiciste bien”? Estamos asociando el hecho que queremos que desarrolle la persona con lo negativo. Entonces, después se queda con la idea de que, si piensa, es porque se equivocó o hizo algo malo. Hay que enseñar por qué pensar es positivo y bueno.  

Alejandro Scelfo

(Publicado en el diario 5días https://www.5dias.com.py/94428-innovacion-en-la-ensenanza-de-ciencias)