15/05/2018

Paraguay: Día a día

Marcial Diaz

Desde el desayuno con la familia, pasando por las charlas con los compañeros del colegio, el aprender nuevas palabras y operaciones matemáticas, el partidito de fútbol en el recreo, el saludo a los vecinos cuando estamos llegando al hogar, y todo lo que pasa en el día. Todo eso, día tras día, nos hizo quienes somos hoy. Eso, de comienzo a fin es educación.

Empezamos nuestra educación yendo al jardín de infantes; aprendemos jugando las letras y los números. Pasamos por toda la primaria desarrollando habilidades básicas para ese momento y el resto de nuestras vidas. En la secundaria empezamos a consolidar las habilidades ya conseguidas y adquirimos otras más finas. Nos empezamos a especializar en el área de nuestra elección en la educación media. Tuvimos probablemente la bendición de una educación universitaria e inclusive algunos la de un posgrado.

Leyendo este diario, escribiendo un e-mail, hablando con nuestros pares, calculando cuánto van a salir las compras y cuotas del mes, no pensamos en la educación que tuvimos –son  habilidades “básicas”. Si pensáramos sobre cuándo adquirimos las herramientas necesarias para llevar a cabo estas tareas “básicas”, seguramente estaríamos pensando en nuestra educación primaria o, máximo, la secundaria. Para establecer estas comunicaciones de manera correcta necesitamos tener la capacidad de comprender la información de nuestro entorno de manera crítica. Diferiría con nosotros sobre la frivolidad de estas tareas el 82,88% de los jóvenes del país terminando la educación secundaria, debido a que no comprende textos de manera crítica (Snepe, 2013). La situación de ellos podría permitirle, de igual manera, hacer lo previamente mencionado, pero solo porque es uno de los paraguayos que, a diferencia de la mitad del país, terminó la secundaria (Encuesta Permanente de Hogares, 2012).

Si bien estos problemas se van perpetuando a lo largo de la vida de las personas, no empiezan en noveno grado, sino que mucho antes: en la primera infancia. Los ciudadanos empiezan a ser formados desde los primeros días, en la casa, mediante distintos estímulos. A medida que uno va creciendo, va experimentando una variedad más grande de situaciones, debido a los nuevos entornos a los que es introducido; en la edad escolar, uno se desarrolla principalmente en tres ámbitos: el aula, el entorno escolar y la comunidad.

La comunidad, compuesta por la familia, vecinos y amigos, es el primer contacto del niño con algún tipo de educación. Es donde aprenden a relacionarse y comunicarse y, además, establecen los primeros paradigmas con los que ven su realidad. En este período, los niños adquieren los valores y costumbres con las que enfrentarán, al menos, sus primeros años. Esta es la importancia de la comunidad. Proporciona la primera etapa de educación a todos y es una escuela, con cambios de los protagonistas en el correr del tiempo, que siempre será primordial en la vida de uno.

El entorno escolar está, obviamente, conectado al aula, en el sentido de que ésta está compuesta no solo por las clases que se dan y los materiales que se presentan, sino también por los compañeros de clases y maestros, quienes tienen un papel primordial en la formación, y por las condiciones de la infraestructura de la misma. También es parte vital de la educación, por ejemplo, la escuelita de futbol del colegio, en el que uno va incorporando los aprendizajes de las distintas situaciones que se presentan en ésta y, asimismo, las de las otras actividades en las que los niños participaren. Si un estudiante es recibido todos los días en el colegio con una clase de cuatro paredes, un techo, y suficientes sillas, tiene condiciones mucho más propicias para el desarrollo de los contenidos que alguien que no tiene lugar donde sentarse, resguardarse de la intemperie o, inclusive, un papel en el que escribir.

Estos ambientes son en los que se construyen y progresivamente modifican la personalidad y carácter de cada niño. Estos, independientemente de los conocimientos teóricos y empíricos que se aprendan gracias a las clases, condicionan el aprendizaje o no de tales conocimientos. El aula comparte el podio de la importancia en la educación con los otros dos ambientes principales del estudiante.

La educación no es una sola. Es el conjunto de aprendizajes en cada ámbito y cada momento. Para poder encarar las distintas aristas de esto se debe reconocer este concepto de educación integral – que incorpora los distintos ámbitos de aprendizaje – y analizarla como tal. La sociedad civil tiene que trabajar por este tipo de educación, desde su rol, aportando vivencias propias y colaborando en sus comunidades a este juego de engranajes. El Estado debe ser capaz de reconocer tal necesidad y trabajar junto a la ciudadanía para responder a ésta. El alcance debe ser para todos y desde la primera infancia. Existe un mecanismo que hace posible un alcance de tal magnitud: las políticas públicas.