26/12/2017

Paraguay: Aprender en nuestro idioma

Marcial Diaz

“Che ndaguerokoséi peteĩ ñembo’e pererĩ ha che mboriahu; che asesê tenondete, aguereko haguã peteĩ tekove iporãva”*. Esto es lo que pensaría cualquier chico de las zonas rurales del país al recibir una educación que no se adapta a sus necesidades ni condicio­nes. Lo pensaría así mismo: en su lengua, el guaraní.

Tratemos de recordar nuestros primeros años, en los que aprendíamos a hablar en castellano, o por lo menos, intentemos recordar aquellas palabras que decían “los adultos” y no entendíamos. Ahora imagine­mos cómo sería que, después de despertar en familia, ir al colegio y hablar con nuestros compañeros, entremos a un salón de clases donde el único idioma que se usa es el esperanto o el chino mandarín tradi­cional; si tuviéramos la suerte de entender algo de lo que se dice, sería poco, no podríamos aprender nada de las clases y, ulteriormente, nos sentiríamos relegados del grupo e inclusive perderíamos las ganas de asistir a la escuela.

Para el 34,6% de quienes vivimos en este país, el guaraní es el único idioma en su vida. Los niños aprenden a hablar en guaraní porque es­cuchan el guaraní en su entorno, pero cuando van a la escuela se ven forzados a aprender a leer y escribir en castellano. El artículo 77 de la Constitución Nacional, De la Enseñanza en Lengua Materna, asegura que la misma “en los comienzos del proceso escolar se realizará en la lengua oficial materna del educando. Se instruirá asimismo en el co­nocimiento y en el empleo de ambos idiomas oficiales de la República”.

A pesar de esto, en un mundo cada vez más globalizado, donde las lenguas que más relevancia presentan son las que más se hablan, la importancia de la enseñanza en lengua materna queda, como mucho, relegada. No obstante, podemos ver los beneficios de usar la lengua materna en la alfabetización inicial reflejados en mejores resultados educativos a lo largo de la vida académica del niño; por ejemplo, el Banco Mundial, en su publicación Education Notes (2016), refiere a los resultados de aprendizaje en Malí –un país de África Occidental don­de el 80% de su población habla un idioma llamado “bambara”– en el que los estudiantes alfabetizados en su lengua materna tuvieron un desempeño superior en un 32% respecto a aquellos que fueron alfabe­tizados solo en francés, lengua oficial del país. Tampoco estaríamos equivocados, a pesar de ver los resultados en el ámbito académico, si nos preocupáramos por el aprendizaje de lenguas más habladas en el mundo; podríamos quedarnos más que felices al leer el reporte sobre lengua materna de la Campaña Mundial por la Educación en el que se expone que “las investigaciones han demostrado de modo fehacien­te que se aprende más fácilmente una segunda lengua cuando se ha aprendido bien una primera lengua antes […] por ello, no recibir la en­señanza en la lengua materna puede significar para los niños una clara desventaja con vistas a su futura trayectoria de aprendizaje”.

Las condiciones teóricas se dan para que la alfabetización en lengua materna se lleve a cabo en cada escuela del país, pero hasta hoy, no es así. En base a lo expuesto, se hacen dos aportes: Tikichuela Ciencias y Proyecto Caazapá. En el proyecto Tikichuela, sus lecciones radiales se llevan a cabo en jopará para facilitar el entendimiento de todos los niños del departamento de Caaguazú; mientras que en el Proyecto Ca­azapá, se identifica la lengua materna predominante de cada aula con el Test de Competencias Lingüísticas y, a través de la estrategia “Leo, Pienso y Aprendo”, ayuda a los estudiantes a aprender a leer y poder expresarse de manera escrita.

El objetivo es desarrollar un modelo educativo en el que se favorezca la lectura crítica, la expresión escrita certera, y el aprendizaje de una segunda lengua mediante la educación en lengua materna.

*Traducción: yo no quiero tener una mala educación y ser po­bre; yo quiero salir adelante y tener una buena vida.