12/12/2017

Panamá: Huellas de esperanza

Un educador es el referente para niños, niñas, colegas y padres de familia. Un maestro es quien te enseña y motiva, desde a pronunciar correctamente las vocales, hasta a definir tu proyección profesional. Los educadores no solo forman en lo académico, también deben enseñar a soñar a sus alumnos.

Hace unos días compartí una experiencia singular, en la que educadores comprometidos hicieron realidad el sueño de sus alumnos del Centro de Educación Básica General de Río Bueno, ubicado en el Distrito de Kankintú, Región Ño Kribo, en la Comarca Ngäbe Buglé. Aceptaron el reto que sus estudiantes sobresalientes pudieran conocer sitios que eran solo imágenes en sus textos escolares: el Canal de Panamá, el recién construido Metro, entre otros sitios de interés.

Mientras muchos nos quejamos e impacientamos porque hay tranques, o debido a que el Metro va lleno o cuando no hay servicio de buses con la necesaria frecuencia, existen estudiantes y educadores quienes a diario viven una odisea para hacer realidad el ejercicio efectivo del derecho a la educación que tienen todos los niños y niñas panameños. Hay educadores que caminan 12 horas, sin considerar el tiempo que toma el viaje desde su hogar hasta el Puerto de Chiriquí Grande, y el posterior trayecto por mar hasta tierra firme para llegar a Río Bueno. Estas experiencias demuestran la desigualdad que existe en Panamá que hace imperativo que, como sociedad, nos involucremos.

Inspiran los maestros de Río Bueno quienes trascienden el trabajo de aula y hacen vivir a sus estudiantes la emoción de ser protagonistas de una verdadera aventura cuando salen de sus hogares para ir a la escuela. Emocionan las palabras de la Maestra Mitzi, que nos dijo “llevo cuatro años en Río Bueno. Pedí mi traslado y me iré a otra comunidad donde, igual, tendré que caminar, pero es más accesible. Espero haber dejado huellas”. Le respondí que los maestros siempre dejan huellas: los tenemos presentes, en especial, cuando procedemos de áreas de difícil acceso. Dejan huellas cuando conviven con  sus colegas, trabajan con los padres de familia y velan por el bienestar de sus estudiantes, confiando que, algún día, lograrán sus metas. Dejan huellas cuando se aseguran que las escuelas cuenten con las condiciones mínimas para impartir sus clases, a través de un trabajo colaborativo con la comunidad educativa. Quienes no han vivido este tipo de experiencias, desconocen cómo es educarse en zonas rurales o comarcales. A veces piensan  que quien no sale adelante es porque no quiere o debido a que no aprovecha las oportunidades. En estas áreas se lucha contra retos de todo tipo, en especial, los maestros y los alumnos.

Hoy hay más razones para asumir un compromiso en primera persona y encontrar fórmulas que inspiren y apoyen a jóvenes provenientes de áreas de difícil acceso. Conozco, más de cerca, sus limitaciones y el gran desconocimiento e, incluso, la indiferencia social existente, ante su realidad.

Debemos hacernos el propósito, como sociedad, de contar en el futuro con una comarca desarrollada, con profesionales al servicio de las comunidades y del país. Hay que comprometernos a trabajar mancomunadamente para lograr que disminuyan las inmensas desventajas que tienen las comunidades de difícil acceso. Visitar el Canal o conocer el Metro no debe ser como ir a otro país. Es desafortunado que en un mismo país se vivan realidades tan dispares. Es inaceptable que, para dejar huellas, sea necesario viajar 12 horas para aprender o educar. Hagamos que la equidad en las oportunidades llegue a todos, independientemente de si viven en una comarca, en una zona rural o urbana. Construiremos así la verdadera democracia: la de igualdad de oportunidades.

Por:

Bencemar Montezuma Moreno

Miembro de Jóvenes Unidos por la Educación