17/07/2018

Evaluación docente ¿para qué?

Mexicanos Primero, 2018

Jennifer L. O´Donoghue

 Directora de Investigación en Mexicanos Primero


¿Qué hemos aprendido sobre la evaluación docente en las últimas dos décadas para pensar en cómo debería ser el camino por adelante?

En México, nuestro principal referente de evaluación docente antes de 2013 es el Programa Nacional de Carrera Magisterial (CM), el cual se diseñó como mecanismo para mejorar las condiciones salariales de los docentes. Entre 1992 y 2013, CM invitaba a los docentes a evaluarse con la promesa de obtener una compensación en función de su desempeño. La participación en CM fue amplia; para el ciclo escolar 2011-2012, más de 830,000 docentes recibían un estímulo salarial del programa. Sin embargo, CM demostraba poco vínculo con la formación y las prácticas docentes – los maestros ni recibían retroalimentación con base en su evaluación – y casi cero impacto en el aprendizaje de los estudiantes.  

Por otro lado, contamos con pocas experiencias de evaluación orientada a mejorar la formación y la práctica docente. Desde 2003 y hasta 2012, los Exámenes Nacionales para la Actualización de Maestros en Servicio (ENAMS) estuvieron abiertos para cualquier docente que quisiera tener un diagnóstico de sus competencias profesionales y orientación sobre cómo mejorar. Entre 2008 y 2010, menos de 20% de los maestros participó en estas evaluaciones. Los ENAMS fueron sustituidos por la Evaluación Universal, misma que fue implementada únicamente en 2012 con la participación de sólo la mitad de los maestros programados. Ninguna de estas experiencias evaluativas llegaba a la escala de Carrera Magisterial y ninguna fue evaluada.

En resumen, antes de 2013 el principal mecanismo de evaluación docente se usaba para otorgar recompensas a los maestros en vez de también dirigirse a la mejora de la práctica docente y, con ella, el aprendizaje de las niñas, niños y jóvenes en las aulas.

Derivada de las reformas legales de 2013, en 2015 se implementó por primera vez la Evaluación del Desempeño Docente (EDD), en la que ha participado alrededor de 300,000 maestros. La EDD tiene debilidades importantes – entre ellas, el uso de exámenes estandarizados sin observación en aula y la deficiente retroalimentación y orientación formativa para los docentes. Ojalá éstas se corrijan. Sin embargo, se basa en un gran acierto: por primera vez contamos con un perfil docente, una guía para orientar no sólo la evaluación, sino más importante, la formación inicial y continua de los docentes. 

En la renovación de nuestra política educativa, no debemos perder de vista el “¿para qué?” La evaluación docente sólo tiene sentido como parte de una estrategia de aprendizaje profesional docente pertinente y relevante.