11/09/2017

"Alianza entre familia y escuela es definitiva para formar personas exitosas"

Priscila Fonseca da Cruz, directora ejecutiva de la organización ‘Todos Pela Educação’ Brasil, explica en esta entrevista la importancia de que madres y padres trabajen de la mano con los colegios para garantizar los aprendizajes cognitivos y socioemocionales de los estudiantes.

FUENTE: Secretaría de Educación de Bogotá

Lograr que las familias ocupen un papel protagónico en los procesos educativos que se llevan a cabo en los colegios de Bogotá, es una de las apuestas de la Secretaría de Educación que, a través de la estrategia ‘Alianza Familia-Escuela’, busca fortalecer los vínculos entre docentes y madres, padres y cuidadores y fomentar su participación.

En el marco de esta apuesta, Priscila Fonseca da Cruz, especialista de la organización ‘Todos Pela Educação’ Brasil, participó en un coloquio organizado por la entidad para compartir las experiencias del país vecino en la materia y aportar a la implementación de esta estrategia.

Conversamos con la experta en educación sobre la importancia de la alianza entre las familias y la escuela y los retos para consolidarla en el sistema educativo de Bogotá.

Secretaría de Educación: ¿Qué importancia tiene la participación de las familias en la educación que reciben los niños?

Priscila Fonseca da Cruz: El éxito de un estudiante depende 50 % de lo que hace la escuela y 50 % de lo que hace la familia, como mínimo. Eso significa que sus aprendizajes se dan gracias a una combinación del trabajo que se realiza tanto en casa como en el colegio. Por eso, un país que quiere mejorar la calidad de la educación, debe potenciar la articulación de la escuela con madres y padres. Si no lo hace, el resultado nunca va a ser más que la mitad del potencial de los niños.

¿Qué actitudes de las familias impactan en el éxito de los estudiantes?

Lo primero es crear y estrechar el vínculo emocional que debe existir entre padres, maestros y niños. Luego está la frecuencia: no basta con tener una buena actitud una vez cada mes, sino que tiene que ser constante. También es muy importante el diálogo, que es la forma en que se materializa el vínculo en la educación. Finalmente está el ejemplo, pues no es posible decirle a un niño que hay que leer libros si sus padres o familiares no lo hacen.

Una vez se tienen estos básicos, hay unas actitudes que permiten tener resultados más impactantes para los niños. Entre ellas, valorar a los maestros, los aprendizajes y la escuela; promover desde la familia habilidades socioemocionales, como tener control emocional, saber negociar y saberse expresar; y facilitar el acceso a una oferta deportiva y cultural que les permita ampliar su repertorio y desarrollarse integralmente.

¿Qué se necesita para que madres y padres puedan ser aliados de la escuela?

Toda la sociedad tiene que ser más solidaria y comprometerse con los padres de familia para que puedan hacer mejor su labor. Eso quiere decir, por ejemplo, que las empresas permitan que sus empleados tengan más tiempo para compartir con sus hijos a través de horarios flexibles y que los gobiernos equipen las comunidades con espacios públicos para manifestaciones deportivas y culturales a las que pueda accederse en familia.

Esta es una diferencia significativa entre las sociedades que tienen una buena y una mala educación. En países como Brasil, Finlandia, Corea del Sur o Australia, la comunidad trabaja con las familias y con las escuelas, contribuyendo a un ambiente de corresponsabilidad, apoyo y expectativas de alta calidad.

¿Qué recomienda a los maestros para fortalecer el vínculo con los papás de sus estudiantes?

Principalmente que sean más empáticos, que tengan su mente y su corazón abiertos para entender lo que les sucede a las madres, los padres, las abuelas, a todos los cuidadores. Siempre digo que los maestros deben ser ‘especialistas en gente’: saber cómo tratar a los niños y también a los adultos.

Además, deben comprender profundamente a las familias y su contexto. Y de ahí surge una tercera recomendación, que es estar dispuestos a entablar un diálogo que tenga como objetivo el bienestar y éxito de los niños. Para ello hay que construir un canal abierto y fomentar espacios para conversar con los padres, pero no solamente una vez al mes.

No es una tarea fácil, porque tanto los maestros como los padres tienen muchas responsabilidades, pero es fundamental trabajar en equipo.

¿Cómo hacer que las escuelas de padres sean más efectivas?

Antes mencioné que la comunidad tiene que aproximarse a la escuela, pero también debe hacerse en dirección opuesta. En ese sentido, es muy importante que los colegios entiendan que los repertorios de las familias y los suyos son diferentes. Cuando los llamamos a participar a una reunión y hablamos en un vocabulario que es exclusivo del sistema educativo, una mamá o un papá puede sentirse aislado y perder el interés en participar.

Para que sean más efectivas, la educación debe comprender el lenguaje, la forma de pensar, las demandas, los sueños y los intereses de los padres de familia. Además, debe dejar atrás esa actitud de que ‘sabe qué tienen que hacer los padres para educar mejor’, porque este es un enfoque que genera resistencia. Por el contrario, debe tener empatía y acoger a las familias como si fuera un baile en el que debemos danzar juntos.

¿Qué opina de esta apuesta de Bogotá para fortalecer la ‘Alianza Familia – Escuela’?

Bogotá quiere que los niños estén preparados y que tengan los conocimientos, capacidades, habilidades y valores para ser exitosos y convivir en comunidad. Por eso, trabajará con las familias, bajo la convicción de que sólo así va a garantizar plenamente los aprendizajes cognitivos y socioemocionales de sus estudiantes.

Porque una ciudad educadora es una Bogotá mejor para todos.