12/10/2017

Liderazgo educativo, catalizador de un sistema educativo incluyente

Mexicanos Primero, 2017

Fernando Cruz Evangelista

Coordinador de Líderes Educativos en Mexicanos Primero

Twitter: @FhernandOziel

De acuerdo con Sebastián Donoso (2017), “en educación no hay milagros ni sorpresas, no hay azar ni recetas mágicas. […] Las soluciones provienen de la combinación de factores más que del descubrimiento de algo nuevo”. 

En la última década, la mayoría de los sistemas educativos en América Latina (AL) han entendido que esta tendencia de colaboración para proponer ideas sobre cimientos firmes da resultados. Lento, sí. Pero lo importante es que avanza, se mueve, se inquieta. Cada vez más se van dando las conversaciones importantes dentro y fuera de los distintos esquemas de gobierno y sociedad. 

En ese panorama, el valor que adquieren los agentes de cambio se vuelve incalculable para hacer que sucedan las transformaciones en cada contexto de la región. En específico el rol del director escolar es clave y su liderazgo es un factor de alta relevancia en el desarrollo de los estudiantes y su comunidad (Leithwood, Day, Sammons y Harris, 2006). El primer contacto que tienen las familias y sus hijos con la escuela suele ser con quien la dirige.

Ese momento se vuelve trascendental ya que la visión del director respecto a la garantía del derecho a aprender de todas y todos es esencial para el apoyo del trayecto educativo de niñas, niños y jóvenes. Instrumentos como la Encuesta Internacional sobre la Enseñanza y el Aprendizaje, han visibilizado la importancia del liderazgo escolar como un eje fundamental en el logro del aprendizaje integral (OCDE, 2014).

En el marco de esta visión, el liderazgo es piedra angular para promover y fortalecer una educación con enfoque incluyente, el cual debe considerarse desde la planificación de un proyecto a mediano y largo plazo e involucrar a toda la comunidad escolar. Esto implica, entre otras cosas, la comunicación y acompañamiento del equipo de trabajo, la planeación de una atención integral para los estudiantes y la gestión de recursos financieros y materiales como una responsabilidad inherente para el director escolar. El compartir este horizonte con la comunidad escolar permite valorar la diversidad de sus estudiantes, así como reconocer la importancia de dar a cada uno lo que necesita para aprender y participar. Las transformaciones que son necesarias para que los sistemas educativos se muevan hacia un enfoque incluyente ocurren en la escuela y, por consiguiente, dependen de la formación y disposición del director escolar.

En AL podemos observar prácticas de liderazgo efectivo que marcan esfuerzos notables rumbo a una educación con este enfoque. Por ejemplo, en Chile, a través del Centro de Desarrollo para el Liderazgo Educativo, se han logrado cambios graduales en las relaciones del director con los estudiantes, promoviendo su participación y la de sus familias para que ingrese, permanezca y aprenda en la escuela (Weinstein, 2016). En Colombia, se han formado grupos escolares en diversas instituciones en los cuales, los directores desarrollan un ambiente propicio para la solidaridad, la paz y la inclusión. En República Dominicana, directores escolares reconocen las fortalezas y acompañan en la superación de las áreas de oportunidad de sus profesores en relación con las familias, generando empatía y enfatizando el compromiso en el logro de metas comunes. En México, la solidaridad con el otro expuesta desde el líder escolar, ha puesto el foco en el desarrollo del vínculo con la comunidad como responsable de la educación de cada individuo. (UNESCO, 2014)

Sumado a lo anterior, debemos mencionar que el diseño o reformas a los marcos legales donde se especifican los roles que deben cumplir los directores escolares con su comunidad brindan una certeza jurídica y social alineadas a un objetivo de bien común. Asimismo, el énfasis en la formación continua de los directivos escolares es vital. Tener claridad sobre las competencias necesarias para desarrollar su liderazgo en la función, permite visualizar los cambios necesarios donde todos puedan estar, aprender y participar en la escuela (Mexicanos Primero, 2017)

Como podemos observar, se han dado pasos sustantivos en este tema, sin embargo, uno de los retos pendientes para la región es precisamente cómo enfocar los esfuerzos en el área de gestión de la convivencia y la participación (UNESCO, 2014)

Los equipos directivos que logran liderar sus comunidades escolares, que comparten un sueño de la escuela que quieren por medio de objetivos y metas claras y que, además, acompañan a su equipo de trabajo motivándolos y gestionando recursos en beneficio de la escuela, se vuelven exitosos

Hasta el momento, no existe evidencia de que una escuela exitosa no cuente con un líder escolar comprometido y eficiente (Weinstein, 2016). Los desafíos contextuales pueden ser diversos y complejos, pero si empoderamos a estos agentes de cambio, estaremos sembrando el inicio de la transformación en cada comunidad. Por ello, visibilizar estos y otros esfuerzos que se están haciendo en AL se vuelve trascendental para reconocer la importancia de desarrollar el liderazgo efectivo en l@s director@s escolares como catalizador para una educación incluyente.

 Referencias: 

  • Leithwood, K., Day, C., Sammons, P., Harris, A., y Hopkins, D. (2006). “Successful School Leadership. What it is and how it influences pupil learning”, Disponible en: https://goo.gl/DvUC9y [Consulta: julio 2017]
  • OCDE (2014). “TALIS 2013. Results: An International Perspective on Teaching and Learning”. TALIS, OECD. Publishing. DOI: 10.1787/9789264196261-en. [Consulta: julio 2017]
  • Weinstein, José (2016). “Liderazgo Educativo en la escuela. Nueve miradas” CEDLE Tomo I, Ediciones Universidad Diego Portales. 282 páginas.